La competencia lingüística formal es el conjunto de capacidades necesarias para producir y entender una lengua: saber qué cadenas pueden ser palabras, cómo se combinan los morfemas y cómo se arman oraciones bien formadas (por ejemplo, que en inglés se dice the dogs in my bedroom are asleep y no …is asleep, aunque el verbo esté más cerca de un singular). La competencia funcional es la capacidad de usar la lengua en situaciones reales, y depende de facultades que no son específicamente lingüísticas: razonamiento formal, conocimiento del mundo, seguimiento de la situación y cognición social (Mahowald et al., 2024).
La distinción se apoya en la neurociencia. En los humanos, la red cerebral del lenguaje es muy selectiva: no se activa al hacer aritmética, razonar lógicamente o atribuir estados mentales, y hay personas con afasia global que juegan al ajedrez y resuelven cuentas (Mahowald et al., 2024). Aplicada a los modelos de lenguaje, arroja un diagnóstico asimétrico: su competencia formal en inglés es casi humana, la funcional es despareja, y mejora con la escala de modo menos consistente, por lo que la industria recurrió a RLHF y a módulos externos. De ahí la hipótesis de que la predicción del siguiente token basta para la primera pero no necesariamente para la segunda.
El marco desactiva dos falacias simétricas: «bueno con el lenguaje, luego bueno pensando», que ya engañaba a los usuarios de ELIZA (véase efecto ELIZA), y «malo pensando, luego malo con el lenguaje», que lleva a descartar a los LLMs como modelos lingüísticos por sus errores de razonamiento (Mahowald et al., 2024).
Ojo con el nombre: los autores aclaran que su «competencia» no es la de la distinción chomskiana entre competencia (el conocimiento idealizado de la lengua) y desempeño (su uso efectivo, con olvidos y errores), porque en modelos y en humanos separar ambas cosas suele ser difícil (Mahowald et al., 2024, Glossary). Aun así, la vieja distinción reaparece en las comparaciones humano-máquina: Firestone (2020) advirtió que un fallo puede deberse a restricciones de desempeño y no a falta de competencia. ¿Hasta dónde puede crecer la competencia funcional aprendida solo de texto, si tanto conocimiento del mundo viaja en él?