Superinteligencia artificial (ASI, por artificial superintelligence) es un sistema que supera ampliamente a los mejores humanos en casi todos los dominios. La definición canónica es de Bostrom: «any intellect that greatly exceeds the cognitive performance of humans in virtually all domains of interest» (Bostrom, 2014). Yudkowsky y Soares, en el pasaje que traduce Santelli (2026), piden más: más inteligente que cualquier humano y que la humanidad en conjunto, capaz de hacer ciencia, planificar, conspirar y mejorarse a sí misma (Yudkowsky y Soares, 2025).
En la jerga, IAG es la estación y ASI el destino: se supone que una IA capaz de investigar en IA acelerará su propia mejora (automejora recursiva, FOOM) hasta dejarnos atrás. Yudkowsky (2008) agregaba un argumento de escala: en el espacio de las mentes posibles, el «tonto del pueblo» (village idiot) y Einstein son puntos casi indistinguibles, de modo que una IA podría cruzar ese tramo en muy poco tiempo. La canción lo resume con un chiste de nerd, porque en estos foros John von Neumann funciona como unidad de medida del genio humano: «Now von Neumann's obsolete» (osmarks, s. f.).
Para los doomers, construir ASI con las técnicas actuales es suicida, porque nadie sabe fijarle objetivos (alineamiento, ortogonalidad). Para los aceleracionistas es la puerta a la abundancia. Los críticos dudan de la premisa. Mitchell sostiene que las supuestas «limitaciones» humanas (cuerpo, emociones, sesgos) quizá sean parte de lo que nos hace generales, y que el problema urgente es lo opuesto a la superinteligencia: la fragilidad de los sistemas actuales (M. Mitchell, 2019, ch. 16). La pregunta filosófica de fondo es si «inteligencia» nombra una magnitud escalar que puede crecer sin techo, como la temperatura, o un conjunto heterogéneo de capacidades situadas (medir la inteligencia).