El viejo pleito entre racionalistas y empiristas reaparece en IA como una pregunta de diseño: ¿cuánto conocimiento hay que programar a mano en una máquina y cuánto puede aprender de los datos? Buckner (2024) propone leerlo no como una dicotomía sino como un continuo: casi todos los empiristas admitieron mucha estructura innata y casi todos los innatistas, mucho aprendizaje (2024, p. 12). Lo que se discute es el número y la especificidad de dominio de los conceptos y sistemas innatos (2024, p. 18). En un extremo está Fodor, para quien incluso conceptos como CARBURADOR serían innatos; en el otro, el conductismo radical (2024, pp. 12, 14). La IA osciló como un péndulo entre esos polos: de los sistemas expertos de la GOFAI, cargados de reglas, al aprendizaje profundo, con mínima programación específica (2024, p. 26), hasta la versión radical de la lección amarga (2024, p. 25).
La posición de Buckner es un empirismo moderado. Locke y Hume nunca dijeron que la mente fuera una pizarra vacía en su arquitectura, sino solo en su contenido: invocaban facultades innatas y generales como la memoria, la imaginación o la reflexión (2024, pp. 16–17). Buckner reformula el principio de copia de Hume como principio de transformación: los conceptos simples derivan de transformaciones sistemáticas y generales de las impresiones sensibles (2024, p. 19). Y bautiza su programa como el «DoGMA» (Domain-General Modular Architecture): nada de ideas innatas, pero sí módulos con sesgos inductivos generales que cooperan para extraer conocimiento abstracto de la experiencia; el nombre es a la vez un recordatorio de que se trata de una hipótesis empírica revisable (2024, pp. 30–32).
Los debates concretos giran alrededor de ejemplos. Marcus leyó la invariancia traslacional de las convoluciones como conocimiento innato; Buckner responde que es un sesgo general, aplicable a cualquier dato con la estructura matemática adecuada (2024, pp. 20–21). También acusa a algunos innatistas de «antropofabulación»: comparar a las máquinas con una imagen idealizada de la cognición humana (2024, p. 29). El frente lingüístico es la pobreza del estímulo. ¿Qué cuenta como «innato» en un sistema cuya arquitectura eligió un ingeniero?